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Dopaje genético — parte 2

Efectos del dopaje genético

Dopaje genético

El dopaje genético, como ya hemos visto, centra su atención en la estimulación o inhibición de determinados genes. La acción de estos genes es la activación de la secreción de ciertas proteínas, algunas de las cuales pueden tener una elevada influencia en el rendimiento deportivo.

Así, los esfuerzos en este ámbito apuntan, principalmente, a los genes relacionados con la eritropoyetina (EPO), los factores inducibles por hipoxia (HIFs), la miostatina, la hormona de crecimiento (hGH) y las endorfinas.

En cuanto a la EPO y los HIFs, en ambos casos se trata de estimular su secreción porque causan una considerable mejora en la capacidad aeróbica, con lo cual se logra incrementar la resistencia de los deportistas.

La miostatina, en cambio, es una proteína que provoca desgaste y limita el crecimiento muscular, por lo que la introducción de material genético exógeno se orienta a inhibir su secreción. Así se consigue aumentar la masa muscular y la fuerza del deportista. Este mismo efecto puede obtenerse mediante un incremento en la secreción de hormona de crecimiento.

Por último, las endorfinas son proteínas encargadas de, entre otras funciones, aliviar el dolor. Por tanto, la sobreexpresión del gen encargado de regularlas permite reducir la sensación de fatiga del deportista (con el consiguiente aumento en el riesgo de sufrir una lesión por sobreesfuerzo).

¿Qué riesgos acarrea?

Por un lado, la propia introducción de vectores virales o plásmidos de ADN puede provocar una reacción inmunológica de carácter muy fuerte, induciendo inflamaciones y fiebre, o la aparición de patologías con un alto nivel de morbilidad como el cáncer.

Por otra parte, existe también un riesgo muy importante por la sobreexpresión de los genes, ya que se produce el mismo efecto que si se introdujera externamente cualquiera de las sustancias dopantes. Por ejemplo, una sobreexpresión de EPO incrementa el nivel de hematocrito, haciendo la sangre más viscosa y, en consecuencia, elevando el riesgo de padecer un fallo cardiaco agudo. Otro ejemplo es la sobreexpresión de los HIFs, que puede inducir la aparición de un tumor.

Conclusión

Como hemos visto, el dopaje genético es el método que puede beneficiar en mayor medida el rendimiento del deportista, ya que puede destinarse hacia acciones muy concretas y su efectividad es muy alta. No obstante, también es uno de los más peligrosos, hasta el punto de poner en peligro real la vida de la persona que lo practica. Por tanto, es necesario tener en cuenta que el dopaje genético puede traer a un éxito efímero a los deportistas. “Efímero” en cuanto a que pueden no vivir para contarlo…

Actualmente, los científicos siguen investigando para encontrar métodos efectivos de detección de este tipo de dopaje. A pesar de que ya hay varias teorías planteadas y, algunas de ellas, ya han sido probadas, es necesario estudiarlos más y aprobarlos para empezar a combatir esta práctica. La veracidad del deporte está en juego.

Diego Martínez García

 

Lcdo. Ciencias de la Actividad Física y del Deporte

 

Colaborador de PreparadorFisico.net

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