Fractura de escafoides

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Fractura de escafoides

La muñeca es una estructura formada por 8 pequeños huesos, dispuestos en dos filas (proximal y distal). Esos huesos están unidos mediante una serie de ligamentos que les da rigidez y permite la movilidad de las articulaciones que forman. Los huesos en cuestión son, en la fila proximal, el escafoides, semilunar, piramidal y pisiforme y, en la fila distal, el trapecio, trapezoide, grande y ganchoso.

De entre ellos, el que se fractura con más asiduidad en ciclismo es el escafoides. Generalmente se produce mediante una caída en la que se golpea la mano en una posición de hiperextensión.

Esta fractura puede derivar en algunas complicaciones como que el hueso no acabe de soldar bien, se reduzca la movilidad de la muñeca, se pierda fuerza o un aumento en el riesgo de padecer artrosis radiocarpiana. Además, el escafoides es un hueso con muy bajo aporte hemático, por lo que, ante una fractura, hay riesgo de necrosis avascular (muerte del tejido óseo).

Los síntomas de esta fractura son muy discretos, por lo que es muy difícil de diagnosticar a simple vista. Además, al poder producirse en accidentes relativamente ligeros, comúnmente se confunde con un esguince de muñeca. No obstante, si tras una caída se nota dolor a la palpación en la tabaquera anatómica (A) y en el tubérculo del escafoides (B), tumefacción en la sección radial de la muñeca o dificultad en la prensión del pulgar, debe sospecharse una posible fractura.

Las pruebas radiológicas permiten confirmar la fractura de escafoides, pero son complicadas de detectar ya que su trazo es bastante difícil de ver. Por ello es necesario realizar radiografías desde varios ángulos.

Existen varias clasificaciones de la fractura de escafoides, pero la más aceptada actualmente es la de Herbert, basada en la anatomía y estabilidad de la misma. Por tanto, tenemos:

a)      Fracturas estables: No varían la forma ni el volumen del hueso, por lo que son menos frecuentes y más difíciles de detectar. Para tratarla se debe realizar una inmovilización mediante yeso y, aunque existen divergencias en este punto, se aconseja que se incluya la zona antebraquial con la muñeca en posición neutra y el pulgar en oposición sin inmovilizar la interfalángica.

b)     Fracturas inestables: Son fracturas completas y a la hora de tratarlas, se dividen en dos tipos: las completas del cuerpo, conminutas y oblicuas requieren una reducción abierta y fijación interna mediante tornillos; las de polo proximal también requieren tratamiento quirúrgico y un largo periodo de inmovilización.

Diego Martínez García

Lcdo. Ciencias de la Actividad Física y del Deporte

Colaborador de www.preparadorfisico.net

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